Cruzando una verja forjada (testigo de miles de bienvenidas y despedidas durante sus ya casi 90 años de historia) y tomando el camino de tilos y arces que se abren lentamente, se va descubriendo el Hotel Real: un edificio blanco que se impone sobre el visitante y que es, en sí mismo, una pieza histórica -fue inaugurado en 1917 por iniciativa de Alfonso XIII, para alojar a la Corte de la familia Real durante sus veraneos en Santander, en los tiempos en los que comenzaba una nueva moda: Los Baños de Ola, y desde entonces ha participado en los acontecimientos más importantes de la ciudad-.
Nada más acceder al Hotel el visitante se detiene por un instante y ante él se despliega una galería de salones, amplios, luminosos, con rincones atravesados por rayos de luz que juegan con las sombras. Aquí y allá sus huéspedes ajenos a todo, charlan, leen, pasean o simplemente observan pensativos, en algún sillón confortable, la belleza de la bahía de Santander.
El Hotel Real se encuentra en un alto estratégico y eso le hace contar con las mejores vistas de la ciudad, tanto las del Mar Cantábrico extendiéndose hasta el horizonte, como las de la Bahía, atravesada por la playa de El Puntal. Las mismas vistas que seguro se pararon a contemplar otros ilustres visitantes: Severo Ochoa, Rostropovich, Cela, Alberti, Zubin Metha...
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